
El
jefe de todos es un film experimental, irónico y
sarcástico. Una sátira, una metáfora. No crean que al verla se van a encontrar
con Hangover IV o How Hi. El jefe de todo esto no
busca el chiste fácil.
Al principio vemos el
reflejo de Lars von Trier en
un vidrio. Su voz en off nos
explica que esto es una película. Al igual que Michel en About de soufflé de Goddard cuando nos habla la cámara y,
como un cable a tierra, nos da a entender que no nos preocupemos por
lo que pase, es solo una película. El director se mofa de todo y de todos. De
él mismo, de su estilo, de las críticas, todo.

Lars pasa a llevar el manifiesto del
Dogma 95. Por una hora y media, rompe el voto de castidad. Deja la
característica cámara en mano, para dejar a cargo una máquina que controla los
encuadres, lo llamó: automavisión.
Automavision© es un sistema de cámara (y de sonido)
desarrollado para limitar la influencia humana y dejar la puerta abierta al
azar con el fin de proporcionar a la obra una visión “sin ideas” libre de la
fuerza de la costumbre y de la estética.
Se pasa el raccord por donde quiere. Pero no le
importa. Con más Jump Cut que About de soufflé,
que a veces marean, El jefe de todo esto es más que una comedia, mucho más.
Nuestro protagonista le echa la culpa a su jefe, y Lars se lava las manos con la automavisión. Se desliga pero sabemos que está ahí, controlando
todo. Su reflejo en el vidrio nos avala.
La película pone en
tela de juicio la obsesión casi innata del ser humano por caerles bien a todos. De cómo funciona el
mundo injusto del “jefe” y el “proletariado”. Trier se ríe de los jefes, de los manipuladores que no dan la cara, de la
sumisión de los empleados, de los daneses y los islandeses y su entendible resentimiento.
Se ríe de la dirección de fotografía, del lucro, la aceptación, las carencias,
el conformismo, etc.
Podría escribir mucho
más pero no quiero dar spoilers. Véanla y disfrútenla.
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